INEE, crucial para la calidad de la educación en México

 
 

Desde su creación en 2002, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), organismo descentralizado de la SEP, surge con el firme propósito de generar información sobre el estado y funcionamiento del sistema educativo nacional, así como diseñar indicadores de desarrollo educativo, sobre todo en materia de aprendizaje de los alumnos y en monitoreo de las condiciones de las escuelas y planteles de educación obligatoria en el país.

En el contexto de la Reforma Educativa de 2013 se ampliaron las atribuciones de este organismo y se le otorgó autonomía constitucional. Desde entonces, el INEE tiene una función normativa crucial al interior de la evaluación de los docentes, emitiendo los lineamientos sobre evaluaciones educativas y formulando las directrices de política educativa. Aunque, no obstante, el instituto no lleva a cabo las evaluaciones de los docentes, las cuales son realizadas por la SEP.

Entre las acciones más significativas que realiza el INEE, y que en caso de desaparecer, se perderían, destacan:

  1. Informar a la sociedad sobre cuántos niños y jóvenes asisten a las escuelas en los diferentes niveles educativos, cuántos cursan el grado que les corresponde a su edad, así sobre la cantidad que concluye cada nivel y la que pasa al siguiente nivel.  También, informa sobre los diferentes tipos de escuela, regiones (zonas rurales y urbanas), apuntando qué tan desigual es el sistema educativo.
  2. Evaluar el aprendizaje de los alumnos en los grados terminales de preescolar, primaria, secundaria y media superior, e informar sobre lo que han aprendido los alumnos en el último grado de cada uno de los niveles educativos que son obligatorios. Gracias a esto se sabe puntualmente el grado de avance (o retroceso) en el aprendizaje de los alumnos, así como la diversidad de la educación a nivel nacional.
  3. Informar sobre las condiciones de las escuelas del país: infraestructura, equipamiento, material didáctico, personal docente, gestión escolar, gestión del aprendizaje y convivencia escolar, información invaluable para corregir políticas de distribución presupuestal y de apoyo a las escuelas, las cuales son las unidades básicas del sistema educativo.
  4. Evaluar políticas clave para la calidad y la equidad de la educación obligatoria y, con base en estas evaluaciones de política, emitir directrices con relación a la formación inicial de docentes, la atención educativa a hijos de jornaleros agrícolas migrantes, indígenas, así como a la promoción de la permanencia en educación media superior y a la formación continua y desarrollo profesional de los docentes, directrices presentadas a las autoridades educativas, quienes han respondido (en atención a la Ley) de manera favorable a todas ellas y han incluido en su respuesta planes de trabajo para atenderlas.
  5. La coordinación del Sistema Nacional de Evaluación Educativa. El cual se ha trabajado con las 32 entidades federativas para que elaboren sus propias evaluaciones y se les ha acompañado en todo el proceso, con lo que se ha fortalecido el federalismo educativo.

En el marco del reciente anuncio sobre su posible desaparición, habría que apuntar que  de eliminarse la autonomía de la institución que realiza la evaluación educativa en el país, no se podrá garantizar la veracidad de los indicadores y de las evaluaciones de alumnos y escuelas. A su vez, las entidades federativas tampoco contarían con el apoyo que requieren para realizar sus propias evaluaciones, regresando al centralismo educativo. Sin embargo, lo más preocupante apuntaría a que se perdería la instancia que vela con independencia por la mejora continua y el cumplimiento del derecho de todos los niños, niñas y jóvenes a tener una educación de calidad.