Los millennials en América Latina

 
 
 
El estudio se centra en los jóvenes que nacieron entre 1985 y 2005 a quienes —en algunos círculos— se les conoce como millennials o milenarios, para tratar de identificar los problemas que enfrentan para mantenerse en la escuela o para incorporarse a la economía como empleados o en alguna otra capacidad.
 
El estudio, disponible en https://www.iadb.org/es/millennials/home es sumamente útil porque combina técnicas de análisis cuantitativo con testimonios y análisis cualitativos, que nos permiten ir más en la comprensión de cuáles son los factores que inciden hoy en el desempeño académico de los jóvenes, cuáles son los problemas que enfrentan cuando tratan de encontrar empleo y qué cosas deberían hacer los gobiernos de América Latina para garantizar, por una parte, el derecho a la educación y, por la otra, las condiciones para que puedan incorporarse a los mercados laborales de sus países.

El estudio es más importante en el contexto de las medidas impulsadas por el nuevo gobierno federal, que ha creado en México un ambicioso programa orientado a facilitar la transición de la escuela al mercado laboral de los jóvenes mexicanos. El programa, cuyas bases se pueden consultar en https://www.jovenesconstruyendoelfuturo.mx/ es una respuesta más bien tardía a un problema que existe en México al menos desde finales del siglo XX y para el que los gobiernos previos no supieron tener una respuesta pertinente: el de los jóvenes que ni estudian ni trabajan.

La información contenida en el documento del BID deja ver que programas previos orientados en esa lógica no han logrado tener el impacto que sus promotores querían que tuvieran, en buena medida por el hecho de que México perdió buena parte de su base industrial. Basta ver lo que eran las zonas
industriales de Azcapotzalco, en el antiguo Distrito Federal, o de Tlalnepantla y Cuautitlán Izcalli, en el Estado de México, para darse cuenta de que las fábricas que antes estaban instaladas en esas demarcaciones han desaparecido.

En Azcapotzalco, algunas han sido reconvertidas en unidades habitacionales y en Tlalnepantla e Izcalli se han transformado, en el mejor de los casos, en bodegas y, en el peor, son meros corrales para flotillas de vehículos, que distribuyen productos a comercios, oficinas u hogares en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México.

Los efectos de la desindustrialización, dirán algunos, eran inevitables dada la creciente automatización, pero saberlo sirve de poco cuando se trata de enfrentar la realidad que golpea a muchos jóvenes que,  o no pueden continuar con sus estudios, o no encuentran empleos dignos. Tampoco sirve de mucho cuando se considera el riesgo de que muchos jóvenes se sumen como
halcones, mulas o matones a las filas del narcotráfico.

En América Latina hay un total de 20 millones de jóvenes nini, es decir, el equivalente a la población de Honduras, El Salvador y Nicaragua, o el equivalente a la población de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. De los países en la muestra (Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Haití, México y
Paraguay), México tiene —detrás de Brasil— el segundo contingente más numeroso, pues 25 por ciento de los jóvenes mexicanos es nini, lo que nos coloca por encima del promedio para la región, que es de 21 por ciento.

Muchos de esos jóvenes, 98 por ciento, trabajan para sus familias, sea cuidando a otros familiares o en algún otro tipo de actividad no remunerada, lo que incluye a siete de cada diez en el caso de México, se dedican a cuidar a algún familiar.

Es un fenómeno que afecta más a quienes tuvieron hijos como adolescentes.

Ello explica que sea un fenómeno que afecta más a las mujeres jóvenes, así como el que 98 por ciento de los ninis mexicanos y 95 por ciento de los de América Latina dediquen su tiempo a atender a un familiar.

El estudio ofrece otros datos que conviene tener en mente y que hablan del lamentable estado de la educación en nuestro país. Mientras que 22 por ciento de los jóvenes de América Latina habla inglés de manera fluida, en México sólo 20 por ciento lo hace. Al someter a los jóvenes en el estudio a un pequeño panel de preguntas de razonamiento matemático, sólo 59 por ciento de los mexicanos
acertó, mientras que 26 y 72 por ciento de los colombianos fueron capaces de hablar inglés de manera fluida y de responder las preguntas de razonamiento matemático correctamente. El BID —en éste y otros documentos— ofrece soluciones sensatas al problema, ojalá estemos a la altura del reto.