El mundo en el que nuestros estudiantes van a desenvolverse no es uno libre de celulares

A partir de este mes, los escolares franceses de menos de 15 años tendrán prohibido usar sus celulares
dentro del colegio. La medida no solo obliga a los niños a no revisarlo mientras están en la sala, sino
que además les impide sacarlo en el recreo o a la hora de almuerzo. Tabletas y relojes inteligentes
también están vedados.

Antes de su aprobación, la iniciativa -una promesa de campaña del Presidente Emmanuel Macron-
suscitó varios debates: qué tan dependientes están los jóvenes de las pantallas o cuánta distracción
realmente provocan los teléfonos, entre otros. Estos temas no solo se hablaron en Europa, sino que
también en otros países; incluido Chile.

Tras una presentación sobre la juventud digital que se llevó a cabo en el más reciente evento de
Seminarium Certificación en Santiago, un profesor en el público comentó que es común que los
estudiantes saquen sus celulares en clases. "Nuestros niños y adolescentes llevan al colegio su
smartphone y muchas veces a escondidas tratan de consultarlos";, dijo.
La expositora que ese día participaba en el seminario era Katie Davis, doctora en Educación de la U. de
Harvard y académica de la U. de Washington, donde dirige UW Digital. Esta organización se dedica a
investigar la potencial transformación que la tecnología puede producir en la vida de los jóvenes.
"Me parece que la reacción del gobierno francés nace del miedo, que es una sensación que muchos
pueden tener. Visto desde esa perspectiva, prohibir es una forma de estar seguros de que los niños no
estarán expuestos a los peligros que se asocian con los medios digitales", comentó. "Pero el mundo en el que nuestros estudiantes van a desenvolverse no es uno libre de celulares. Por eso, si los teléfonos se prohíben en los colegios, lo que se está haciendo es crear un ambiente más bien falso; algo con lo que no se van a encontrar fuera de los establecimientos. Y parte de lo que las escuelas están diseñadas para hacer es preparar a los jóvenes para convertirse en ciudadanos productivos para la sociedad".
Otra profesora que la escuchaba comentó que muchos docentes sentían miedo de que sus alumnos
supieran más que ellos sobre pantallas y tecnología en general.
 
"Creo que como adultos poseemos una sabiduría y una experiencia de vida que va más allá de la
tecnología, pero que nos permite reconocer las dimensiones morales y éticas de lo que las personas
hacen al estar desconectados o en línea. Me parece que hace falta reconocer que los niños pueden
saber cómo manejar ciertos dispositivos... ¿pero saben cómo usarlos de manera ética, responsable y
segura? No creo que nazcan sabiéndolo. Ahí es donde debe estar nuestro apoyo", respondió Davis.
Definir criterios
Como ejemplo de un buen uso del celular dentro del aula, Katie Davis comenta a "El Mercurio" el caso
de una profesora que para enseñar a sus alumnos sobre estereotipos de género pidió a cada uno
buscar qué imágenes aparecían cuando escribían en Google la palabra boy versus la palabra girl .
Fue una actividad rápida, que no requirió mayor conocimiento digital por parte de la docente y que
ayudó a mostrar que a las mujeres se las tiende a asociar con estándares de belleza más altos: las
fotos las mostraban muy maquilladas o destacaban sus atributos físicos. La actividad sirvió para
desencadenar una reflexión sobre imagen corporal y autoconfianza.

Mario Santibáñez, coordinador de Ciencias de la comuna de Peñalolén y profesor de Ciencias Naturales
y Biología del colegio Matilde Huici Navas de ese municipio, usa el celular para que sus alumnos de
enseñanza media se motiven y aprendan más sobre división celular, por ejemplo. Con los jóvenes ha
probado aplicaciones de realidad aumentada que, entre otras cosas, permite ver las facetas de la
mitosis con animaciones.

"El celular es una herramienta. No es ni buena ni mala, sino que es una herramienta y, como toda
herramienta, se le tiene que dar un sentido. En el caso de la escuela, el sentido que le tenemos que dar
es pedagógico", plantea. Aludiendo al hecho de que sus alumnos son nativos digitales y a futuro tendrán trabajos que probablemente les pidan fluidez digital, este profesor también destaca que los celulares pueden ser una herramienta inclusiva.";Incorporan opciones para que personas con distintas
capacidades puedan utilizarlos. Por ejemplo, permiten ampliar enormemente la pantalla. Pueden
nombrar con voz digital los elementos que tiene el teléfono, o se les puede cambiar los colores si hay
alguna especie de daltonismo".
Esa idea de guiar el uso del celular con un foco pedagógico es la misma que fomenta la Agencia de
Calidad de la Educación.

Las nuevas generaciones viven en un mundo donde los dispositivos digitales son de amplio acceso y uso y, por lo tanto, luchar contra aquello no es lo más conveniente", comenta Carlos Henríquez,
secretario ejecutivo de la agencia. Según los datos que entrega, Chile lidera el uso de teléfonos
inteligentes en Latinoamérica. "Y el 32% de nuestros estudiantes utiliza internet por más de seis horas al día.
Bajo su mirada,"es fundamental que sean los docentes y directivos de cada colegio quienes definan las situaciones específicas al interior de cada establecimiento y en la sala de clases, sobre cuándo se usan, y cuándo no, los celulares. Son ellos los que más saben sobre el aprendizaje de sus estudiantes, los diferentes espacios y tiempos pedagógicos, quienes más conocen a sus alumnos y sus familias y, por lo tanto, se deben respetar sus espacios de autonomía profesional. Es importante que docentes y
directivos, en conjunto con la comunidad escolar, definan los criterios de uso".ç