Ayuda a la educación. ¿Ha vuelto el crecimiento?

Las dos terceras partes de este incremento están relacionadas con un aumento de la ayuda a la educación básica. Después de un decenio de estancamiento, la ayuda a la educación básica aumentó del 17%, pasando de 5,1 mil millones de dólares estadounidenses en 2015 a 6 mil millones en 2016. La ayuda a la educación secundaria y postsecundaria también aumentó, aunque en menor cantidad, de manera que la proporción destinada a la educación básica con respecto al total de la ayuda también alcanzó su nivel más alto, o sea, el 45%.

¿De dónde proviene este incremento?
Estados Unidos, el Reino Unido y el Banco Mundial financian prácticamente la mitad de la ayuda a la
educación básica. No obstante, desde el punto de vista del ingreso nacional destinado como ayuda a la
educación básica, Noruega se sitúa en la primera línea entre los donantes. Noruega gasta, por ejemplo, doce veces más que Estados Unidos en términos relativos.
Aunque menos de un joven de cada dos termina su ciclo de educación secundaria, los resultados positivos están a nuestro alcance. Si todos los países desarrollados y determinadas economías emergentes, se comprometieran como Noruega a destinar el 0,7% de sus ingresos a la ayuda y el 10% de sus carteras de proyectos a la educación, se podría colmar el déficit de financiación para garantizar la consecución universal de la educación secundaria.

La educación de los niños más desfavorecidos no siempre ha sido una prioridad
Los cambios en los niveles de ayuda aún muestran que la educación no es una prioridad en los países en donde es más necesaria. Menos de un cuarto de la ayuda a la educación básica (22%) ha sido destinada a los países de ingresos bajos en 2016, con respecto al 36% en 2002. Al mismo tiempo, la parte asignada a los países menos desarrollados ha aumentado ligeramente, pasando del 31% al 34%, aunque siempre por debajo del máximo de 47% alcanzado en 2004. El déficit revela una tendencia a la baja a largo plazo decepcionante en cuanto a la parte que se asigna al África subsahariana, en donde se halla la mitad de los niños no escolarizados del planeta, una región que continúa a descender en la lista de prioridad de los donantes. Anteriormente, la región recibía la mitad del importe total de la ayuda a la educación básica, pero durante los últimos siete años ha recibido una parte cada vez menor de la totalidad, para alcanzar solamente el 24% en 2016. Esta disminución se explica, en parte, por el aumento de la parte de la ayuda que no se asigna por región, fundamentalmente la que proporciona la Alianza Mundial para la Educación (GPE, por sus siglas en inglés).
La necesidad de mayor financiación externa en favor de la educación en los países de ingreso medio
inferior. Aunque la mayor parte la brecha generada por el déficit de financiación en favor de los países de ingresos bajos podría colmarse mediante una reforma del sistema actual de asignación de la ayuda, así como con una reorientación de la ayuda destinada a la educación básica y a la secundaria, esto no garantizaría la solución de los retos considerables a los que deben hacer frente los países con ingresos medios inferiores en el ámbito de la educación. Del documento se desprende que más la tercera parte de la ayuda asignada a los países de ingreso medio inferior adopta la forma de préstamos en condiciones favorables, pero el costo del crédito en condiciones no concesionarias contribuye a desalentar la contracción de préstamos para la educación por parte de numerosos países.

¿Qué significa todo esto para el déficit de financiación en materia de educación?
Aún cuando permanece por debajo del nivel que se considera requerido para cubrir el costo de consecución de las metas ambiciosas del ODS 4, el incremento de la ayuda a la educación, en 2016, resulta alentador. Asimismo, tendrá que mantenerse al mismo nivel durante varios años para compensar el estancamiento del periodo 2010-2015. En 2015, el Informe GEM estimó que se mantendría el déficit de financiación anual de, al menos, 39 mil millones de dólares estadounidenses durante el periodo 2015-2030. Los niveles de ayuda deberían multiplicarse por seis para cubrir el déficit. En febrero de 2018, la Alianza Mundial para la Educación logró obtener el compromiso para reconstituir los fondos para el periodo 2018-2020. En 2016, la Alianza desembolsó 351 millones de dólares estadounidenses en favor de los países con ingresos bajos, con respecto a un importe total de 497 millones de dólares estadounidenses liberados.
La expansión y consolidación de las instituciones financieras multilaterales centradas en la educación
significan también una esperanza para el progreso. Los países de ingresos bajos, así como los de ingresos medio inferior deberían beneficiar de oportunidades de financiación exterior adecuadas. No obstante, queda mucho por hacer para garantizar que la ayuda vaya a quienes la necesitan más y crear mecanismos de coordinación adecuados.
https://es.unesco.org/news/ Fuente: UNESCO (2018)