Nueva escuela para el siglo XXI


El conocimiento y su acumulación, así como equipos de trabajo formados por
años, o empresas y universidades con grandes centros de investigación, no
parecen ser más fuertes que las ideas que surgen de mentes jóvenes con poca
experiencia y capital, pero sin burocracias que obstaculicen la fluidez e
innovación. La llamada era del conocimiento debería llamarse la era de las ideas
prácticas.
Apple fue fundada en 1976 por Steve Jobs (que nació en 1955). Google en 1996
por Larry Page (1973). Microsoft en 1975 por Bill Gates (1955). Spotify en 2006
por Daniel Ek (1983). Uber en 2009 por Garret Camp (1978). Lyft en 2012 por
John Zimmer (1984). Paypal en 1999 por Max Levchin (1975). Amazon en 1994
por Jeff Bezos (1964). Airbnb en 2008 por Brian Chesky (1981). Twitter en 2006
por Jack Dorsey (1976). Facebook en 2004 por Mark Zuckerberg (1984). Netflix en
1997 por Wilmot Hastings (1960).
Algunos de esos fundadores, todos ellos jóvenes o muy jóvenes, tuvieron algunas
experiencias previas, otros no; algunos de ellos cursaron posgrado, otros ni
siquiera terminaron la universidad. Ninguna de las nuevas empresas nació de un
proyecto de las grandes y viejas empresas que dominaban sus mercados.
Apple y Microsoft pudieron haber nacido de Xerox o IBM. No fue así. Spotify de
Gramaphone o Sony. Uber o Lyft de Yellow Cab o Hertz. PayPal de Citicorp.
Amazon de Sears. Airbnb de Hilton. Twitter o Facebook de ATT. Netflix de
Columbia Pictures o Blockbuster.
No sabemos a ciencia cierta cuál es la mezcla adecuada que produce el cóctel de
la creatividad. Quizá sea aleatoria. Lo que no es aleatorio es la incapacidad de las
grandes fábricas de conocimiento de producir las monumentales empresas que
ahora no solo han cambiado a los negocios sino a las culturas en el mundo.
Ni la escuela, ni la universidad de hoy, ni siquiera los ministerios de educación,
economía o cultura ayudan.
Casi todos los sistemas educativos siguen el patrón de ideas nutridas por
organizaciones como la OCDE o el Banco Mundial. Por ejemplo, está de moda en
muchos países, incluido México, centralizar las decisiones educativas en los
gobiernos nacionales o estatales. Las autoridades quieren controlar la cantidad y
calidad de la educación. La única forma en la que pueden hacerlo es al
estandarizar servicios y resultados educativos. Para ello, necesitan medidas de
desempeño y progreso. También necesitan metas de aprendizaje. Entonces,
elaboran sus grandes programas con modelos educativos estandarizados. Luego
de eso, hay que medir si eso es cierto. Por tanto, a evaluar. Una historia de
estandarización y control.
Pero la educación y el aprendizaje creativos requieren lo contrario. Primero,
variación, no estandarización. Luego, contexto, no centralización. En seguida,
autonomía, no control. ¿Para qué? Para que maestros y alumnos naveguen con
mentes y currículos abiertos, comunicación, colaboración, exploración y planes
individualizados de aprendizaje.
Afortunadamente algunos sistemas educativos van en sentido contrario. Uno de
ellos es el finlandés que acepta los límites de la escuela y la universidad y las
desafía. Acaban de entrar en vigor reformas curriculares en todos los niveles.
Todos los currículos reconocen que la estandarización es una mala idea, que los
pequeños aprenden mejor jugando, los jóvenes practicando y los grandes
estudiando; que en los años iniciales el énfasis debe ser en las emociones, la
convivencia y la colaboración; en los intermedios, en las habilidades para
aprender otras habilidades y, en los avanzados, en estudiar, innovar y profundizar.
El mundo y las sociedades de todos los países cambian más rápidamente que las
escuelas y las universidades. Si queremos que escuelas y universidades cambien
el difícil mundo en el que vivimos, tenso, inseguro, competitivo, desgastante,
xenofóbico, apresurado, ansioso, segregado, pobre y desigual, necesitamos que
cambien más rápido que el mundo y la sociedad. La escuela, la universidad y la
empresa del futuro serán completamente diferentes. Lo que se viva en ellas será
similar a lo que se viva en el hogar.