Vamos creciendo

 

Tenemos hoy un atado disparejo e insuficiente de programas y servicios para niñas y niños de 0 a 3 años. Algunas opciones tienen una razonable solidez en su financiamiento y en la preparación de los agentes que interactúan con los niños. Otras son de una precariedad indignante y riesgosa. 

Lo desconcertante en la trifulca sobre las estancias es la improvisación y unilateralidad de las decisiones de las autoridades; lo esperanzador es la vigorosa, aunque no siempre atinada, reacción social de indignación.

El programa proveía 800 pesos a las estancias por cada niño inscrito, hijo de madres no beneficiarias ni de IMSS ni de ISSSTE. La reducción de 50% al programa presupuestal S174 para el año fiscal 2019, sin diagnóstico preciso ni justificación suficiente, hace que haya cesado la entrega de los recursos a las titulares de las 9,582 estancias; entre 20 y 31% de los niños inscritos, según un sondeo, han dejado de asistir, pues las estancias han pedido cuotas extras, han dejado de pagar personal o han cerrado operaciones hasta nuevo aviso.

La información ha fluido a cuentagotas; se ha fustigado a las responsables como parte de un proyecto político y de una red de negocios inescrupulosos; se ha confundido a la población con la falsa señal de que se podría pagar a abuelos u otros familiares por "cuidar" a los niños; el Presidente ha sido agresivo con los críticos e insistido en su mensaje "que no haya intermediarios", a caballo entre el voucherismo neoliberal extremo y la cobertura universal del Estado de Bienestar, que todavía no ha sido diseñada y que es inviable con los ingresos y la recaudación actuales.

La Secretaría de Bienestar ha justificado el cese del flujo de recursos señalando que 7 mil de las 9 mil 500 estancias deberían cerrarse por incumplimiento de las reglas; que había duplicidad con otros programas; que los niños de 3 años de edad cumplidos deberán ser atendidos por la SEP a través de Preescolar; y que el programa antes vigente no estaba focalizado hacia las zonas y poblaciones más vulnerables.

Este 28 de febrero aparecieron en el Diario Oficial de la Federación las reglas de operación del "Programa de Apoyo para el Bienestar de las niñas y niños, hijos de madres trabajadoras". Se establece muy escuetamente que las delegaciones de Bienestar registrarán en un padrón a madres que lo soliciten y demuestren no estar inscritas en la seguridad social formal, y les entregarán -sin precisarse de qué forma- 1600 pesos bimestrales hasta un día antes de cumplir los 4 años (por fin, ¿de 3 a 4 años sí o no?, ¿de qué o de quién dependerá la decisión?), y 3,600 pesos bimestrales para quienes sean madres, padres y tutores de niños con discapacidad hasta un día antes de cumplir 6 años.

No sólo las titulares de estancias preparan amparos; la Comisión Nacional de Derechos Humanos, los miembros del SIPINNA e integrantes de su Consejo consultivo, así como de los Consejos de CNDH y de Conapred nos hemos manifestado en contra, no del cambio, sino de la violación del principio de progresividad en los derechos a la protección y el desarrollo que tienen las niñas y niños. Hoy, decenas de miles de niñas y niños perdieron atención, y no tienen para cuando la retomen. El esquema previsto de entrega parece cultivar la dependencia de las madres, no su independencia gradual, y menos asegurar cuidado y aprendizaje a los niños. Las revanchas políticas entre adultos, la incapacidad de una supervisión oportuna y correctiva, la falta de visión para ampliar servicios universales para primera infancia sin importar la condición laboral formal de sus madres y padres es lo que hay que dejar atrás. Vamos creciendo, por favor.